Israel permaneció en el Sinaí casi un año (Nm. 1:10:11; Exo. 19:1).
Número registra dos censos; el primero en (1:20–46) y el segundo en (26:5–51).
Es sabido que aproximadamente 600.000 hombres salieron a pie de Egipto, juntamente con mujeres, niños y gentiles que se unieron a ellos (Ex. 12:37, 38). Ahora se toma un censo. El censo siguió ciertos principios. Respeta la estructura tribal y familiar. Sólo los hombres arriba de 20 años son contados. Aparentemente, a la edad de 20 se convertían en adultos.
En Ex. 30:12–16 se provee una idea sobre cómo se llevó a cabo el censo: Mientras eran contados, los israelitas cruzaban cierta línea y se unían a los que ya habían sido contados del pueblo de Dios (ver también Ex. 38:25–28). Este es un cuadro bastante gráfico. Uno de los propósitos del censo era conformar un ejército. Este sería el medio para conducir al pueblo a su herencia: la tierra prometida. De esta manera, el censo inmediatamente introduce la meta última de Núm., establecida por la promesa de Dios. La palabra escuadrones o "ejército" también significa "multitudes".
Nm. 1:17–46 sigue hablando del censo. Las cantidades son impresionantes. Sólo 70 personas habían entrado en Egipto (Ex. 1:1–5). Sin embargo, después de 40 años, el segundo censo revela que sus números habían caído de 603.550 a 601.730 (1:46; 26:51).
Algunas tribus habían crecido mientras que otras decrecieron, pero Judá se mantuvo como la más numerosa. A través de toda la historia de Israel, Judá fue favorecida por Dios. De esta tribu vendría oportunamente el Mesías.
Se ha observado que la cantidades registradas en el texto de 600.000 hombres de guerra, toda la multitud debe haber sido de más de dos millones de personas.
Leví fue uno de los 12 hijos de Jacob (Gén. 29:34) y era conocido por su violencia (Gén. 34:25–31; 49:5–7). Por la fiereza de los levitas en las causas justas permitió que fueran apartados como sacerdotes, dicen algunos. Después del pecado del becerro de oro, estuvieron listos para matar con la espada a cerca de 3.000 de su propia raza (Ex. 32:25–29).
Los levitas no se les debía contar en el censo ni servirían en el ejército (recordemos que el censo fue para determinar quienes irian a la guerra).
Debe sorprendernos en gran manera el hecho de que la belleza del santuario estaba vedada a los ojos de casi todo Israel. Aun entre los sacerdotes, sólo el sumo sacerdote podía entrar al lugar santísimo, y sólo una vez al año (Lev. 16:2).
Acerca de la santidad de Dios, las tribus fueron mantenidas a cierta distancia del tabernáculo. No se nos dice cuán lejos, pero el espacio en medio debe haber sido lo suficientemente grande para toda la tribu de Leví. Más tarde, cuando cruzaron el Jordán, Israel iba detrás del arca a una distancia de cerca de 1.000 metros (Jos. 3:4), otros dicen como a un kilómetro de distancia.
En las Escrituras hay varias listas de las tribus (por ejemplo Gé. 29–30; 49; Dt. 33; Jos. 13–21; Ap. 7:5–8). Estas listas suscitan unas preguntas muy interesantes. Por ejemplo, el orden cambia y a veces se deja afuera alguna tribu (Dan es omitida en Ap. 7:5–8, un punto que hizo notar Ireneo en el siglo II d. de J.C.). Encontramos otra lista en Josefo, los Rollos del Mar Muerto y otros textos antiguos, tales como el Testamento de los Doce Patriarcas. La visión de Ezequiel en cuanto a la restauración incluye una lista de las tribus (Ez. 48), y la nueva Jerusalén tendrá 12 puertas, una para cada tribu (Ez. 48:30–35; Ap. 21:10–21).
Hablando del lugar de la tribu de Judá. En el censo Rubén está primero (Nm. 1:20), pero Jacob había dicho que Rubén perdería su lugar de preeminencia y que Judá tendría la alabanza de sus hermanos, y que el Mesías saldría de la tribu de Judá (Gn. 49:4, 8–12). Durante el curso de la historia, Judá fue elevado. El campamento de Judá estaba al oriente del tabernáculo. Judá trajo sus ofrendas el primer día cuando el tabernáculo fue dedicado (7:12). Judá fue el primero en ir a la batalla en contra de los cananeos (Jue. 1:1). Judá fue el primero en recibir su herencia (Jos. 15:1), mientras que la herencia de Rubén fue al otro lado del río Jordán. El rey David era de la tribu de Judá, y Jerusalén estaba en el territorio de Judá. Las diez tribus fueron llevadas al cautiverio en 721 a. de J.C., pero Judá fue librada. Nuestro Señor vino de la tribu de Judá, "el León de la tribu de Judá, la Raíz de David" (Ap. 5:5).
Los levitas estaban constituidos de tres clanes: Gersón, Cohat y Merari; El total de los tres clanes levitas sumaba 22.300, no 22.000. Sin embargo, 22.000 no es una cifra redonda porque está equiparada con los 22.273 primogénitos, y queda corta por 273. Varios aceptan que una pequeña corrupción del texto pudo haber ocurrido muy temprano en el proceso de copiar los manuscritos hebreos y que la letra hebrea "l" fue omitida (es decir, sh-l-sh "tres" se convirtió en sh-sh "seis") y, de esta manera 8.300 fue cambiado a 8.600 cohatitas.
Los sacerdotes probablemente mantenían una medida estándar en el santuario para asegurarse de que se usaran las medidas justas (Lev. 19:35, 36). Esta muestra de amor práctico para con el prójimo llegó a ser parte de la fe de Israel: "La balanza falsa es una abominación a Jehovah, pero la pesa exacta le agrada" (Prov. 11:1; ver Prov. 16:11; 20:23; Eze. 45:10).
Las Normas de Disciplina de los Metodistas Calvinistas o los Presbiterianos de Gales (adoptada en 1823) también establecen los mismos principios para sus miembros: "Que sean hombres de pocas palabras al comprar y vender, … sin tomar ventaja de la ignorancia de otros para poner dos precios sobre el mismo artículo; sino, según estén conscientes de su valor y el precio en el mercado, pidan y paguen lo que es propio y justo por cualquier artículo" (XIV).
Los colores de las cubiertas son significativos. Cada pieza del mobiliario sagrado era cubierta con un paño azul. Quizá el azul, el color del cielo, era un recordatorio de la presencia de Dios. Cuando Dios se reveló a sí mismo a los líderes de Israel en Sinaí, leemos que "Moisés, Aarón, Nadab, Abihú y setenta de los ancianos de Israel subieron, y vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había como un pavimento de zafiro, semejante en pureza al mismo cielo" (Exo. 24:9, 10). También había un propósito práctico en escoger un paño azul. Servía para distinguir los vasos sagrados de otros artículos que eran cubiertos con paños carmesí y púrpura (4:8, 13). A simple vista los hombres sabrían lo que estaba debajo de las cubiertas azules. Cualquiera que mirara o tocara no tendría excusa alguna, y lo que seguiría sería su muerte.
La primera generación de levitas pasarían toda su vida siguiendo instrucciones mientras viajaban por el desierto. Sin embargo, después de que Israel se estableció en Canaán su papel cambió. Los levitas vivían por todo Israel. Cuando Jerusalén se convirtió en el lugar permanente para el tabernáculo (y más tarde del templo), los clanes de los levitas recibieron nuevas responsabilidades. David los puso a cargo de la música y otras tareas en el tabernáculo; los sacerdotes aarónicos todavía ofrecían las ofrendas (1 Crón. 6:31–49).
Números 6:1–21 nos habla del voto nazareo. Era un voto especial (v. 2); es decir, un voto extraordinario que no debía tomarse a la ligera. Se suponía que el voto duraría por un tiempo limitado. Había tres marcas de la separación nazarea: Abstenerse del vino y de los productos de la uva (vv. 3, 4; con el tiempo Israel pecó dándoles vino a los nazareos; Amós 2:11, 12); no tocar cuerpos muertos (vv. 6–8); y no cortarse el cabello (v. 5). Las primeras dos condiciones son iguales a las normas para los sacerdotes durante su servicio. Los sacerdotes no debían beber vino porque cesarían de estar vigilantes en observar la ley y enseñarla (Lev. 10:6–11). El sumo sacerdote ni siquiera podía entrar a un lugar donde hubiera un cadáver; aunque fuera el de su padre o madre, aunque un sacerdote regular podía atender a un familiar cercano (Lev. 21:1–4, 11). El no cortarse el pelo era peculiar de los nazareos y era símbolo de su separación para Dios (v. 7).
El saludo sacerdotal consistia de Las cartas de Pablo comienzan con un saludo, el cual siempre usa las palabras "gracia" y "paz" (p. ej. Rom. 1:7; 1 Cor. 1:3; y 2 Tim. 1:2 agrega "misericordia"). En la mayoría de casos Pablo dice que la gracia y paz provienen de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, y sin lugar a duda él está tomando el pensamiento de la bendición sacerdotal (Nm 6:22-27).
Números nos habla de carreta con bueyes (7:9.). Los cohatitas no recibieron ni carros ni bueyes porque éstos sólo podían usarse para el tabernáculo, no para las cosas sagradas, las cuales ellos tenían a su cargo (v. 9). Cuando David trajo el arca a Jerusalén, fue colocada en una carreta nueva (2 Sam. 6:3, 4). Sin embargo, después de la muerte de Uza ya no se menciona ninguna carreta, sólo a "los que llevaban el arca de Dios" (2 Sam. 6:13; 15:24).
El registro de las ofrendas de las tribus (Nm. 7:10–88) muestra cuán repetitiva puede ser la Biblia (quizá sea un recordatorio que la Biblia no fue escrita para entretenimiento, sino para nuestra instrucción). Los totales de las ofrendas para la dedicación se dan en los vv. 84–88. En esos 12 días se derramaron ríos de sangre.
Nm. 9:15–23 nos habla de La nube. Según el libro de Exodo, la nube representaba la gloria del Señor que llenaba el tabernáculo (Ex. 40:34–38). Nm., sin embargo, no dice nada en cuanto a la gloria pero sí muestra interés en el hecho de que la nube guió a Israel. El pasaje repite que Israel partía y acampaba al mandato del Señor, el cual se manifestaba por el movimiento de la nube. Hay también un desarrollo de pensamiento por medio de la repetición: La nube estaba allí desde el principio (v. 15); tenía apariencia de fuego en la noche (v. 16); guiaba a Israel (vv. 17, 18); el tiempo que pasaban en un campamento variaba, desde unos pocos días hasta todo un año, anticipando que Israel pasaría un largo tiempo en el desierto (vv. 19–22); y el texto termina haciendo hincapié en el hecho que Israel obedeció el mandato del Señor (v. 23).
La nube aparece más tarde cuando Salomón dedica el templo (1 Rey. 8:10–12). Cristo Jesús fue cubierto por la nube en el monte de la transfiguración (Luc. 9:34), y de nuevo en su ascensión (Hech. 1:9). Las imágenes de la nube de la presencia de Dios y del templo se unen en la persona de Cristo. El es el templo (Apoc. 21:22).
Nm. 10:1–10 nos habla de Las trompetas de plata. Las trompetas fueron hechas de plata modeladas a martillo. (La plata se había fundido y trabajado por siglos antes de este tiempo.) Josefo las describe como unos tubos angostos de unos 45 cm. de largo, bien formadas al final, y se muestran en el arco de la entrada triunfal de Tito a Roma. Eran diferentes a los cuernos de carnero, que eran bastante comunes, y podían dar una nota más clara. Diferentes sonidos de las trompetas servían para convocar a diferentes asambleas (los líderes, toda la asamblea, la partida de las tribus), y se tocaban en tiempos de guerra y al inicio de las fiestas principales. Las trompetas estaban a cargo de los sacerdotes quienes tenían la autoridad de guiar (ellos también eran guiados por medio de la instrucción que se les daba). El bienestar de Israel estaba asegurado mientras la trompeta emitiera el llamado de Dios. Así, la trompeta continuó en uso por generaciones (2 Rey. 11:14; Esd. 3:10; Sal. 98:6).
En el pasaje donde el pueblo pedia de comer carne (Nm. 11:18–35); la provisión de las codornices es un ejemplo del control que Dios ejerce sobre su creación. Estas aves pertenecen a la familia del faisán y de la perdiz. Invernan en Africa y emigran hacia el norte, comúnmente en marzo o abril. En ese año estaban siendo llevadas en grandes cantidades a Israel por un viento.
Nm. 13:1–16 habla de los espías que fueron a Canaan. Cada tribu fue representada por un líder. Estos eran diferentes a los que habían llevado a cabo el censo y presentaron las ofrendas cuando el tabernáculo fue dedicado. Quizá eran más jóvenes. Josué, por ejemplo uno de los escogidos, era siervo de Moisés y joven (Ex. 33:11; Nm. 11:28). Moisés le cambió el nombre de Oseas a Josué, un cambio de significado de "él salva" a "el Señor salva" (v. 16). Este es quizá el primer nombre israelita en el cual se usa el nombre del Señor. Su traducción al gr. es Jesús.
Luego en Nm. 13:17–25 tenemos la continuación de la labor de los espias donde tuvieron 40 días de exploración. Los espías fueron enviados a explorar 2 regiones de Canaán, el Néguev en el sur y la región montañosa en el norte (v. 17). Viajaron hasta la frontera norte, cubriendo la tierra de la que se hablaba en la promesa de Dios (v. 21). El tiempo de las primeras uvas (es decir, finales de julio) indica que eran dos meses después de haber salido del Sinaí. Los espías viajaron unos 400 km. hacia el norte, y no regresaron sino hasta mediados de sept. Visitaron Hebrón (v. 22), donde estaban enterrados los patriarcas (Gén. 23:17–20; 49:29–33; 50:13).
En Nm 13:26–33 se nos dice del informe desalentador de los espias. "La tierra a la cual nos enviaste" no dice que el Señor era quien los había enviado, y no se menciona su promesa (10:29). Mostraron el rico fruto y confirmaron que la tierra era una donde ciertamente fluye leche y miel. (Esta descripción de fertilidad se usa para la región de Galilea en la Historia de Sinuhe, una historia egipcia.) Esto confirmaba las palabras exactas de la promesa de Dios en cuanto a la tierra (Ex. 3:8, 17). Sin embargo, los espías enfocaron su atención sobre las ciudades fortificadas y sus poderosos habitantes, de los cuales algunos eran como gigantes, y declararon que la conquista era imposible.
Caleb tuvo que callar a la gente (v. 30). Más tarde nos damos cuenta de que Josué estaba de su lado (14:6). Dios ya había indicado que los amonitas estaban "llegando al colmo" de su maldad y estaban siendo reservados para su juicio, el cual ejecutaría Israel (Gén. 15:16).
La expresión "van a ser ... pan comido." se encuentra en Nm. 14:9.
Nm. 14:11–25 nos habla de lLa misericordia y juicio del Señor frente a la actitud que tuvo su pueblo despues del informe de los espias. La respuesta de Dios es doble: Yo lo heriré con peste y lo desalojaré. "Desalojar" significa desheredar; es decir, no recibirían la herencia de la tierra. El castigo vino inmediatamente, y la plaga mató a los diez espías que habían traído un mal informe a Israel.
Nm. 15:22–31 nos habla de los errores y pecado deliberado. Hay una distinción primordial entre fallar inadvertidamente (error) y pecar deliberadamente (la expresión idiomática en heb. dice: "con mano alta"). El fracaso inadvertido es un pecado cometido sin conciencia de ello; se hace sin darse "cuenta de ello" (v. 24). El perdón estaba disponible para un pecado como tal. El perdón se aplicaba cuando el pecado no era cometido deliberadamente. No había posibilidad de perdón para ninguna persona que pecara con altivez (vv. 30, 31).
La distinción que se hace aquí corre por toda la Biblia. La blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada ni en la presente edad ni en la eternidad (Mt. 12:22–32). Este pecado involucra rechazar el testimonio del Espíritu respecto de Cristo. Por supuesto, Cristo Jesús advirtió a los judíos que no creían en él que su culpa permanecía porque ellos decían no tener conocimiento alguno (Juan 9:39–41). Su pecado era la incredulidad; el rehusar creer en el Hijo de Dios. Otras advertencias en cuanto a la imposibilidad de ser restaurados se encuentran en Hebreo 6:4–8 y Juan nos prohíbe orar por un pecado semejante, el cual conduce a la muerte (1 Jn. 5:13–17). Todo este asunto es de vital importancia para el pueblo de Dios en cualquier tiempo. Esto nos estimula a crecer en la fe y a "despojarnos de la vieja naturaleza" con su espíritu quejumbroso y de incredulidad.
La señal de Dios para confirma la selección de Aarón fue por medio de su vara la cual florecio (Nm. 17:1-13). La persistente incredulidad y queja de Israel encontró respuesta con una señal. Parece ser que las señales no eran dadas para los creyentes sino para los incrédulos y rebeldes (v. 10). Se dice que este fue el propósito del don de lenguas (1 Co. 14:22) y las señales hechas por Cristo (Jn. 6:30); la vara floreciente se guardó por generaciones (Heb. 9:4).
En Nm. 20:1 dice en el mes primero probablemente signifique a mediados de marzo. Habían pasado 38 años y el año 40 había llegado. No se nos dice esto directamente, pero si comparamos la lista de los campamentos que Moisés guardó (20:1 corresponde con 33:36, nótese el v. 38), podemos ver que el autor ha omitido aproximadamente 38 años que ya habían pasado en el desierto (un testimonio silencioso de que fueron años perdidos). Ya cerca de octubre, Israel cruzaría el arroyo de Zered, 38 años después de haberse regresado de Cades-barnea al desierto de Parán (Deut. 2:14; cf. Núm. 14:25). Moisés, y más tarde Jefté, repasan esta historia (Deut. 2:2–15; Jue. 11:15–27).
Nm. 20:22–29 nos habla de la muerte de Aarón (comparece con 33:37–39). El lugar del monte Hor es incierto, excepto que estaba en la frontera de Edom (Deut. 10:6, donde se le identifica con el nombre de Mosera). Aarón murió cuatro meses después que María, a mediados de julio en el año 40 (33:38). Estas muertes significaban el final de la primera generación. Moisés, quien ahora quedaba solo, también moriría muy pronto, ya que los 40 años habían transcurrido y se tendría que tomar posesión de la tierra sin él.
En los cap. 22:1-24:25. Esta sección comienza registrando la última etapa del viaje, la cual encuentra a Israel acampando a lo largo del Jordán frente a Jericó, listo para entrar a Canaán (v. 1; 33:48). Jericó sería la primera ciudad conquistada (Jos. 5:13–6:27). Los eventos que se llevaron a cabo en las llanuras de Moab probablemente cubrieron los últimos cinco meses del año 40 (desde mediados de octubre a mediados de marzo), y cubre el resto de Núm. y todo el libro de Deut. Deut. apenas si menciona el episodio de Balaam (Deut. 4:3; 23:4, 5).
Cuando Israel pecó en Sinaí con el becerro de oro, los levitas se consagraron a sí mismos para el servicio a Dios matando inclusive a sus propias familias (Ex. 32:25–29). En esa ocasión, el nieto de Aarón, Fineas, sobresalió mostrando celo por la gloria del Señor. Viendo que un israelita tomaba a la hija de un jefe madianita y la metía en su tienda, los siguió y atravesó a ambos con su lanza. Eran culpables de haber desafiado abiertamente la palabra de Dios y descaradamente hacían caso omiso del dolor de los israelitas. La acción de Fineas detuvo la plaga que ya había cobrado 24.000 vidas (Pablo dice 23.000 en un solo día; 1 Cor. 10:8; cf. la acción de Aarón unos años atrás, 16:47, 48).
Nm. 26:2 repite brevemente Nm. 1:2. Dice el primero : Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel. y 1:2-3 dice Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas. De veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus ejércitos. Lo anterior se refiere al segundo censo efectuado en el pueblo.
Muchas confundimos este pasaje de Nm. 26:52–56 cuando se reparten la tierra y la distribuyen por sorteo. Esto no significa usar el azar. Era bien sabido que Dios tenía el poder para determinar el resultado del sorteo (Prov. 16:33).
Cuando en Nm. 26:57–62 se nos habla que los levitas son contados. En el primer censo los levitas fueron contados aparte porque no servirían en el ejército, sino que serían sacerdotes. En esta ocasión, fueron omitidos del censo principal porque no recibirían herencia alguna. Se dice que si hubieran recibido tierra al igual que las otras tribus, se hubieran distraído de su servicio a Dios debido al cultivo (ver 18:8–32). Esto refleja un principio dicen algunos que los ministros de Dios no deben enredarse con negocios mundanos sino que deben dedicarse completamente al servicio a Dios (2 Tim. 2:4).
Las genealogías rara vez mencionan a una mujer (Mat. 1:3–5 es una excepción).
Los Holocaustos que nos señala Nm. 28:1-8 que eran de mañana y tarde (El sacrificio que ofreció Elías en el monte Carmelo se llevó a cabo a la hora del sacrificio vespertino). El NT enseña que estos sacrificios eran "tipos", presagiando la muerte de Cristo. El era el cordero sin mancha que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Por supuesto, él murió a la hora del sacrificio de la tarde, cuando también se inmolaban los corderos de la Pascua. Su muerte abolió estos sacrificios, y muy pronto dejaron de ofrecerse cuando el templo finalmente fue destruido en el año 70 d. de J.C.
Los israelitas usaban un calendario lunar, de esta manera los meses se determinaban por las fases de la luna. Cada mes era de unos 29 a 30 días; de ahí que el año era aproximadamente 14 días más corto que un año solar completo. Por lo tanto, a intervalos se tenía que agregar un mes a fin de restaurar el calendario. El inicio de cada mes se observaba como un sábado.
Nm. 29:12–38 El holocausto en la fiesta de los Tabernáculos. El título "fiesta de los Tabernáculos" se deriva de Lev. 23:33–43, pero no se usa aquí. Este era el último gran día del año, "el día 15 del mes séptimo". En el primer día se sacrificaban 13 novillos, 2 carneros y 14 corderos. Por siete días se reducía el número de los novillos, uno cada día. En el octavo día se presentaban las mismas ofrendas que se ofrecían en las otras fiestas. El interés en Núm. es sobre las ofrendas. De Lev. y Deut. 16:13–17 aprendemos un poco más en cuanto al significado de la fiesta de los Tabernáculos (ver también Neh. 8:13–18). Era el tiempo de la última cosecha, un tiempo de regocijo cuando Israel traería abundantes ofrendas voluntarias (v. 39). Esta fue la ocasión cuando Salomón dedicó el templo, ofreciendo 22.000 toros y 120.000 ovejas y cabras, durante el lapso de catorce días (1 Rey. 8:2, 62–66).
Existe una gran analogía espiritual en estos festivales. La Pascua (la conmemoración de la liberación de Egipto y de la muerte) corresponde a la crucifixión de Cristo; la fiesta de las semanas o Pentecostés (el día de las primicias) corresponde al envío del Espíritu Santo y los primeros frutos de la cosecha del evangelio (Hech. 2). De igual manera, la de los Tabernáculos corresponde a la segunda venida de Cristo al final de los tiempos, marcando el final de la cosecha. El tiempo entre la fiesta de las semanas y la de los Tabernáculos era un período ocupado cuando Israel trabajaba para la cosecha. De igual manera, entre Pentecostés y la segunda venida los obreros son enviados a levantar la cosecha entre los gentiles (Mat. 9:37, 38; 13:30–39; Luc. 10:2; Juan 4:35). Al final de los tiempos se levantará la cosecha y la cizaña será arrojada al fuego (Mat. 13:39; Mar. 4:29; Apoc. 14:15).
Nm. 31:1-32:42 El punto más importante que debe notarse en cuanto al cap. 31 es que no es una narración de alguna batalla. Por ejemplo, no es como Jos. 8 (la batalla en contra de Hai) o 1 Sam. (el ataque de Jonatán sobre los filisteos). El autor no está interesado en la batalla como tal, la cual menciona en un versículo (v. 7). Por el contrario, el interés del autor descansa en tres áreas: El botín y los despojos de la batalla (lo cual abarca 46 versículos; vv. 9–54); el orden de batalla (como en ocasiones anteriores, el autor está interesado en el orden de marcha; 10:11–36); y la purificación (vv. 19–24). Estas son preocupaciones constantes de Núm. Los atributos divinos relacionados son su santidad y el hecho de que él es un Dios de orden, no de confusión (cf. 1 Cor. 14:33). Dios muestra su santidad tomando venganza, ordenando su ejército, tomando botín y requiriendo que sus soldados se purifiquen.
Moisés no permitió que a su retorno el ejército trajera los cautivos al campamento. El estaba enojado porque habían perdonado la vida de las mujeres, las mismas que habían seducido a Israel con la idolatría e inmoralidad. A su mandato, sólo las jóvenes vírgenes fueron perdonadas, y ellas vinieron a ser parte de la nación. Es importante comprender la verdadera naturaleza de esta matanza de mujeres y niños varones. Dicha destrucción casi total no fue de la misma índole de la que sufriera Arad: "dedicado a destrucción" (21:1–3), y que más tarde también cayera sobre Jericó (Jos. 7) y los amalequitas (1 Sam. 15:3). (Este tema se discute en 14:39–45.) Aquella requería que toda alma viviente fuera muerta, incluyendo los animales, y las ciudades y posesiones eran quemadas o puestas en la tesorería del santuario. El ataque sobre Madián fue diferente; fue una venganza o "retribución" (v. 3). Por lo tanto, el botín no tenía que ser destruido. Una vez que era purificado podía ser dividido (cf. Jos. 6:21, 24; 7:1–26; 1 Sam. 15:13–33). Las mujeres y los niños eran matados porque las mujeres ya habían hecho que Israel se apartara del Señor, y si se les dejaba vivas continuarían siendo una amenaza a la fidelidad de Israel (ver 25:1–18). Este tipo de mujeres fueron la causa de la caída de Salomón (1 Rey. 11:1–13).
Los soldados eran impuros a causa de su contacto con los muertos, y no pudieron entrar al campamento por siete días (vv. Nm. 31:19–24). La pureza del campamento era de vital preocupación para Moisés. El no admitiría las mujeres madianitas (v. Nm 31:13).
La familia de Aarón y los levitas no tendrían ninguna herencia (Nm. 18:20–24). Dependerían de los diezmos que las otras tribus pagarían. Sin embargo, a fin de preservar su identidad en Israel, les fueron asignadas ciudades en donde vivir. Después de que las tribus tomaran posesión de la tierra, tendrían que asignar ciudades para los levitas (Jos. 21). Cada ciudad tendría que incluir campos para pastura, a un límite de 450 m. de los muros de la ciudad (Nm. 35:4), y con medidas de unos 900 m. cuadrados (v. 5). La geometría presenta un pequeño problema. Si los lados eran 900 m. de largo, y cada lado del cuadro estaba a 450 m. de los muros, los cuatro lados no podían unirse. Las medidas podían completar un cuadro sólo si se tomaban de un punto central. La evidencia arqueológica sugiere que Bet-semes, una de las ciudades escogidas (Jos. 21:16), cubría aprox. como tres hectáreas. El problema de interpretación de la geometría ha puesto a prueba el ingenio de los eruditos. Es probable que las delimitaciones hayan sido establecidas trazando primero un cuadro o rectángulo alrededor de los muros de la ciudad y después midiendo 450 m. desde el muro de la ciudad hacia afuera, a fin de establecer los límites.
Seis de las ciudades levitas serían ciudades de refugio (Nm. 35:6), tres a cada lado del Jordán (v. 14). La persona que mataba a alguien podía huir a una de esas ciudades buscando asilo. Huiría del vengador. El término heb. para vengador es go’el, "pariente redentor" (vv. 12, 19, 21, 24, 25, 27). Era una costumbre antigua que el familiar más cercano a una víctima de homicidio vengara a su familiar. Esto pudiera haber conducido a una serie de asesinatos de "diente por diente". Un ejemplo gráfico de esto se encuentra en el caso de Abner (2 Sam. 2:8–28; 3:19–39). Parte de la tragedia de Abner fue que él murió en las puertas de Hebrón, una ciudad de refugio. Las ciudades de refugio ofrecían seguridad al homicida hasta que compareciera para juicio.
