El título de Levítico deriva de las antiguas traducciones de las Escrituras hebreas en griego y latín. No hay duda de que el libro recibió este título debido a que contiene varias instrucciones relacionadas con el trabajo de los sacerdotes levitas. Sin embargo, no es del todo apropiado, el libro era tan importante para los "laicos" como para los "clérigos".
Levítico esta colocado como una parte del registro de la revelación de Dios a Moisés mientras Israel estuvo acampado en el monte Sinaí, poco después de su salida de Egipto. No se establece específicamente que Moisés mismo haya escrito el libro (la manera en que algunas partes del Pentateuco se atribuyen a él, por ejemplo Ex. 24:4, 7; Núm. 33:2). Sin embargo, quienes prefieren mantener la fecha tradicional para el libro opinan que si realmente no fue Moisés quien lo escribió, el libro debe haber sido editado por alguien muy cerca a él. Lev. verdaderamente muestra señales de una organización cuidadosa e inteligente. Sin embargo, por mucho tiempo los eruditos críticos bíblicos han argumentado que el libro surgió de círculos sacerdotales y representa su prescripción para el Segundo Templo, en el período posexílico.
El sistema de sacrificios no era un medio para comprar favores, sino de recibir gracia. Y la obediencia práctica a la ley en los capítulos posteriores no era un asunto de alcanzar santidad, sino de vivir de acuerdo con las características que Dios ya había conferido a la nación.
Los animales a ser sacrificados debian tomarse de las manadas y rebaños domésticos; esto significa que los animales salvajes no eran aceptables. Se cree que los animales salvajes no pertenecían a nadie y, por lo mismo, no podían tener ese sentido de identificación con el que ofrendaba que tendría un animal doméstico de su propia manada o rebaño. Luego, sólo el sacrificio de un animal doméstico representaba un costo real al que ofren daba.
La expresión "grato olor a Jehovah" capta el sentido literal del humo y su aroma subiendo al cielo pero, por supuesto, su intención es simbólica. El lenguaje es antropomórfico (es decir, describe la respuesta de Dios en términos humanos, como si realmente el olor lo complaciera), pero el proposito es teológico. El sacrificio agradaba a Dios y, por lo mismo, lograba el propósito deseado, el cual era hacer expiación.
Lv. 2:11, 13 habla de algunas instrucciones en cuanto a ingredientes prohibidos y prescritos. La ofrenda de cereal tenía que prepararse sin levadura o miel (v. 11), pero siempre debía incluir sal (v. 13). El texto no explica las razones para esto.
En las Ofrendas de Paz, la carne se dividía entre el sacerdote, quien tomaba el pecho y el muslo derecho (7:28–34), y la familia del adorador, quienes se quedaban con el resto. Así que para el sacerdote las ofrendas de paz eran una fuente principal de proteínas para su dieta. Para el adorador esta era la oportunidad para una gozosa y festiva comida en la presencia de Dios, la cual incluía relaciones sociales (Deut. 12:7, 12, 19).
No se da ninguna explicación para la prohibición de comer el sebo (v. 17); al contrario, éste debía ofrecerse a Dios por medio del fuego, como se hace con la sangre (17:10–12). Aunque la grasa era símbolo de lo mejor y lo más rico (Gén. 45:18; Sal. 81:16, donde se traduce "trigo" lo que lit. en heb. es "grosura"; Sal. 63:5 donde algunas versiones traducen "banquete delicioso", pero que en hebreo es literalmente "de sebo y de gordura"), y por lo mismo el punto puede ser que la mejor parte del animal debía se ofrecida a Dios. Algunas consideraciones dietéticas modernas que por razones de salud aprobarían lo que expresa el v. 17, no serían, por supuesto, conocidas en Israel.
Se usa mucho la expresión "pecar con soberbia" para describir las acciones que eran premeditadas y actos voluntarios de maldad. Legalmente, estos tenían que tratarse severamente (el mejor ejemplo de dicha distinción está expresada en la ley del homicidio en Núm. 35), y en el sistema de sacrificios no había ningún sacrificio para este tipo de pecado (Núm. 15:27–31).
Lv. 4:27—5:13 nos habla de la ofrenda por el pecado de personas comunes. En este caso los animales regulares para sacrificar eran cabras u ovejas. Para las personas más pobres, aves o vegetales eran aceptables en cualquier caso.
La décima parte de un efa probablemente era como un kilo de harina, aunque realmente no se conoce el equivalente exacto.
Lv. 6:8–13 habla del holocausto. Se establecen aquí que el fuego del altar principal de los sacrificios no será apagado. Esto se acentúa repetidamente (vv. 9, 12, 13), la responsabilidad del sacerdote que cubría "el turno de la noche" el asegurarse de que el fuego se mantuviera ardiendo (1 Crón. 9:33; Sal. 134:1). No se nos dice la razón para esto.
Para sacar las cenizas, el sacerdote en turno tenía que usar la ropa apropiada. Es decir, su vestimenta de lino, la cual era única para los sacerdotes. Pero cuando sacaba el montón de cenizas fuera del campamento se debía poner su vestimenta regular (Lv. 6:11). La ley del AT estaba constantemente preocupada por mantener separado lo santo y lo común.
Las partes de la ofrenda de paz que pertenecían al sacerdote: el pecho y el muslo derecho (no se establece si era la pata delantera o la trasera, pero es más probable que se refiera a la pata delantera o al hombro).
Siguiendo con la Ofenda de Paz; el pecho se describe como una ofrenda mecida, lo cual puede significar que la carne era mecida en movimientos laterales ante el altar, quizá esto haya sido simbólico de presentárselo a Dios y recibirlo de regreso. El muslo es descrito como una provisión perpetua (v. 34). Esta es una palabra incierta que los comentaristas judíos antiguos interpretaban como significando "alzar"; probablemente un mo vimiento vertical. Sin embargo, las acciones precisas envueltas y su significado ya no son muy claros.
También se puede señalar la singularidad del sistema de sacrificios de Israel desde un punto de vista negativo. No había lugar para augurios; es decir, intentar derivar presagios, buenos o malos, usando las entrañas de los animales sacrificados. Dios provey ó mejores maneras para conocer su voluntad (Deut. 18:9–20). Tampoco había lugar para sacrificios humanos, automutilaciones o el uso de la sangre humana. Los rituales sexuales y de fertilidad estaban totalmente ausentes, al igual que los sacrificios por los muertos o cualquier otro medio de manipular lo oculto.
El único favor que podía obtenerse por medio de los sacrificios ofrecidos a Dios era la declaración de perdón. No hay indicios de que se pudieran obtener otros favores, o sobornar a la divinidad. No había una clasificación de los sacrificios en términos de cantidad a favor de los ricos o poderosos. Por el contrario, se hizo provisión para los más pobres, quienes recibían "tanto" perdón como cualquier otro pecador. Por supuesto, el sistema de Israel era único por no tener sacrificios especiales reservados para la realeza.
Se esperaba que las personas ofrecieran lo mejor cuando presentaban sus sacrificios, pero no con el fin de que empobrecieran bajo una carga religiosa pesada, o que enriquecieran a una elite religiosa poderosa.
Dentro de los tres sacrificios, establecidos en Exo. 29:10–34, tenemos el tercero, el otro carnero, el carnero de la investidura, lo que en realidad era una ofrenda de paz (Lv. 8:22–30). De esta última ofrenda, algo de la sangre se untó sobre el lobulo de la oreja derecha … sobre el dedo pulgar de su mano derecha y sobre el dedo pulgar de su pie derecho (de Aarón), y de igual manera con sus hijos (Lv. 8:23-24). Todo esto pudo haber significado que los sacerdotes, siendo tan pecadores co mo cualquier otra persona, necesitaban una purificación completa, desde la cabeza hasta los pies.
Lv. 10:1–7 nos hbala del Fuego del Señor. Nadab y Abihú, los dos hijos mayores de Aarón, desobedeciendo Fuego extraño (v. 1) el cual queda sin definir o explicación. El hebreo (zara) significa "extraño", "de afuera". Quizá ellos tomaron fuego de afuera del santuario y no del altar (cf. 16:12).
Las responsabilidades de los sacerdotes, según Lv 10:8–11 son los sacerdotes no debían beber vino ni licor antes de iniciar sus responsabilidades en el santuario (v. 9). Se ha sugerido que este mandamiento, según el presente contexto, se dio debido a que el pecado de Nadab y Abihú se cometió en estado de ebriedad, aunque el texto no lo dice literalmente. La razón probablemente se encuentra en los siguientes versículos en relación con las tareas de los sacerdotes, quienes necesitaban una mente clara.
En el AT, el vino es una de las dádivas y bendiciones de Dios en la creación, propio para celebración (Sal. 104:15), y también muy efectivo para mitigar el dolor (es decir, de luto; Prov. 31:7). Sin embargo, en exceso confunde y pervierte (Prov. 23:20, 21, 29–35), y por eso debían evitarlo quienes necesitaban un juicio claro para ejercitar serias responsabilidades (Prov. 31:4, 5).
A los sacerdotes no se les requería que prescindieran del vino en todo tiempo (eso era algo voluntario como parte del voto nazareo, el que normalmente era temporal; ver Núm. 6:1–20; Amós 2:12), sino sólo cuando estaban de turno. La ebriedad habitual entre los sacerdotes fue condenada por los profetas de manera particular, precisamente porque había destruido su habilidad para enseñar, dejando por lo mismo a la gente sin una guía moral o conocimiento de Dios (Isa. 28:7–10; Ose. 4; especialmente el v. 11). En el NT la misma responsabilidad de moderación y sobriedad cae sobre los cristianos, y especialmente sobre aquellos que enseñan y ejercitan el cuidado pastoral (Ef. 5:18; 1 Tim. 3:2, 3, 8; Tito 2:2, 3).
¡En el Israel del AT, los sacerdotes eran gente muy ocupada! Además de sus obligaciones en el santuario y sus responsabilidades como maestros de la ley, también tenían que funcionar como inspectores de sanidad pública. Estas partes de las tareas de los sacerdotes a menudo se pasa por alto, debido a que siempre centramis nuestra atención en su papel de ofrecer sacrificios.
Lv. 11:1-47 habla de los animales y alimentos limpios e inmundos. Las especies mencionadas en ese capítulo no pueden ser identificadas con certeza, de allí la variación en las traducciones y comentarios.
Lv. 11:44 nos dice "Seréis santos, porque yo soy santo, es casi como un lema en Leviticos (19:2; 20:26). Luego tenemos el Lv. 19:2 que nuevamente se nos habla nuevamente de la santidad a Jehova... el cual disipa cualquier idea de que la santidad en el AT era meramente un asunto de pureza ritual. Tenía que mostrarse en toda área de la vida práctica: Desde la punta de la barba hasta la última esquina de sus tierras. La santidad no era algo que se buscaba alejándose de la vida diaria para refugiarse dentro de un santuario religioso. La santidad significaba transformar la vida diaria con la calidad de conducta que era absolutamente diferente de las costumbres del mundo que los rodeaba.
La adoración a los machos cabríos era parte de la religión egipcia y, según parece, las prácticas idólatras egipcias permanecieron entre los israelitas por algún tiempo (Jos. 24:14; Eze. 20:7; 23:1 ss.). La frase tras los cuales se han prostituido se usa metafóricamente para hablar de la idolatría (Exo. 34:15, 16; Lev. 20:5, 6), pero puede implicar literalmente actos de prostitución ritual o copulación con animales (Ex. 22:19, 20; Lev. 18:23; 20:15, 16; Ose. 4:10–14). Para prevenir que la gente llevara a cabo dichos ritos idólatras, bajo el disfraz de tener una fiesta familiar, todo animal debía ser degollado a la puerta del tabernáculo.
Algunos cristianos piensan que es correcto evitar aun las formas más inofensivas de los juegos de azar debido a su asociación con el pecado más serio de la "avaricia que también es idolatría". Es un principio que puede ampliarse en varias maneras, pero debe ejercerse mucho cuidado ya que puede conducirnos a un legalismo esclavizante o a posturas de juicio.
Leviticos 18, versículo 5 dice "Pongan en práctica mis leyes y decretos. El hombre que los cumpla, vivirá. Yo soy el Señor". No debiera considerarse como si enseñara que la salvación se obtiene por observar la ley. En el AT, vivir en el sentido pleno significa gozar completamente de las bendiciones y bienestar de la relación de pacto con Dios, el cual ya había sido establecido por su acción redentora (v. 3). Esta vida se obtenía por medio de obedecer la ley de Dios, lo cual era la respuesta a la salvación; la ley no obtenía ni ganaba la salvación.
La familia israelita era mucho más grande que la moderna unidad familiar de dos generaciones. La misma incluía hasta tres o cuatro generaciones de descendientes de un mismo hombre que aún viviera (es decir, sus hijos y esposas, familias y siervos), todos viviendo en una proximidad bastante cercana.
En Israele se prohibía el tipo de relaciones sexuales incestuosas que se practicaban en las familias reales en Egipto y en Mesopotamia. Ciertos tipos de incesto estaban prohibidos por las leyes en el antiguo Cercano Oriente, pero no al grado o con la severidad de la ley del AT. La historia de Tamar y Amnón (2 Sam. 13; especialmente los vv. 12 y 13) ilustran una probable rareza, y su correspondiente conmoción social, de que estas leyes fueran violadas. Otro efecto, característico de las leyes del AT en otros lugares, es proteger a la mujer de la explotación sexual dada su vulnerable posición en una comunidad bastante compacta.
Lv 18:19–23 nos habla de otras prohibiciones. El sacrificio de los niños (v. 21; Moloc era el nombre de uno de los dioses conocidos en Canaán y en otros lugares), la relación sexual entre hombres (v. 22) y los actos sexuales tanto de hombres y mujeres con animales (v. 23), se sabe que eran parte de la adoración pagana en Egipto, en Canaán y muchos otros lugares.
Abominación (un término bastante fuerte de desaprobación en el AT, usado para referirse a las cosas que Dios más odia o deplora) y depravación (lit. "confusión"; es decir, la mezcla desnaturalizada de lo que Dios había creado e intentado que estuviera separado).
Lv. 19:1-37, sobresale entre los distintivos más ricos de la ética del AT, junto con pasajes como Dt. 23–25; Sal. 15; Amós 5; Miq. 6:6–8; Job 31; Ez. 18; Is. 58.
En los sacrificios a los animales, tenemos que la carne tenía que ser consumida dentro de dos días y compartirse con la familia, amigos y vecinos.
Técnicamente, en Israel el adulterio consistía de relaciones sexuales entre un hombre y una mujer casada o una mujer prometida para casamiento (Deut. 22:22–24).
Todo tipo de deshonestidad, desde un puesto en el mercado hasta el intercambio internacional, es abominación a los ojos de Dios (ver Deut. 25:13–15); es el mismo término que se aplica a las perversiones sexuales y al abuso de niños (ver también Amós 8:5; Miq. 6:10; Jer. 5:1; Prov. 20:10, 23).
La mayoría del contenido del cap. 20 de Levítico es una repetición del cap. 18.
En el mundo del simbolismo israelita, la integridad espiritual y moral se expresaba en la integridad física, así que a los hombres que pertenecían a las familias sacerdotales, pero que tenían algún defecto físico, no se les permitía llevar a cabo los sacrificios en el altar.
Los hombres que pertenecían a las familias sacerdotales no se les excluía de los ingresos materiales y del sostén de los sacerdotes, y podían comer de las cosas sagradas que correspondían a ellos Lv. 22:1–9 Sin embargo, si un sacerdote llegaba a estar inmundo por cualquier razón, tenía prohibido comer de las cosas sagradas, a causa del principio vital que lo santo y lo inmundo debían mantenerse separados.
El v. 22 de Lv. 23 no es mas que una mera repetición de Lv. 19:9-10. El mismo es un recordatorio a Israel para que no descuidaran a los necesitados de la comunidad en medio de su festividad y deleite en tiempos de cosecha.
En las fiestas del "tabernáculos" o "cabañas" La gente tenía que hacer cabañas temporales con ramas y habitar en ellas por toda una semana. Esto era para recordar la aparente inseguridad física de los israelitas cuando salieron de Egipto en su viaje por el desierto, y de esta manera recordarles de esa dependencia total en Dios que permanece aun cuando creemos estar establecidos y seguros (Deut. 6:10, 11; 8:10–18; 26:1–11).
Ciertas leyes muestran que algunas lesiones personales se trataban con la compensación (por ejemplo Exo. 21:18, 19), mientras que en el caso de un esclavo físicamente lesionado se remediaba dándole su libertad; esta era una ley única en el mundo antiguo (Ex. 21:26, 27).
Lv. 25:8–55 nos habla del año del jubileo. Aparece como el año 50 después del séptimo año sabático, aunque algunos eruditos opinan que realmente era el año 49. También se ha sugerido que éste era un año "corto" de 49 días, inserto dentro del séptimo mes del año 49, a fin de alinear el calendario lunar de Israel con el año solar.
El v. 10 del cap. 25 de Levítico, presenta los conceptos gemelos que son fundamentales a toda la institución; es decir, libertad y regreso. Quienes habían incurrido en deudas eran libres de lo que aún quedaba sin pagar (el AT presupone que deben haber hecho todos los esfuerzo por pagar las deudas) y de cualquier responsabilidad que su deuda hubiera demandado.
El año del jubileo, era un mecanismo para prevenir la acumulación de las tierras en manos de unos pocos o los israelitas más ricos, y preservar la fábrica socioeconómica de múltiples familias que fueran propietarias de tierras, con la comparativa igualdad e independiente viabilidad de las familias más pequeñas que poseían terrenos.
Lv. 26:3-13 habla de la obediencia y bendición. Es un error pensar que las bendiciones y maldiciones en este capítulo fueran asuntos de recompensa o castigo "igualmente opuestos" (como parecen sugerirlo los encabezados en la RVA). No hay tal cosa como que las bendiciones se "ganarían" como una recompensa por buena conducta, en la misma manera que los desastres serían merecidos como juicio. Israel no tenía que ganarse las bendiciones de Dios. Ya estaban ahí, como promesas intrínsecas a la relación de pacto; como quien dice, en las escrituras de Israel: Desde el pacto de Dios con Abraham. Pero esa bendición podía experimentarse en toda su plenitud sólo si Israel vivía de acuerdo con el pacto. De otra manera sería invalidado, y el hecho de que Dios retuviera sus bendiciones expondría a Israel a los peligros de una tierra maldecida y a la debilidad humana.
En ninguna parte del AT se ordena hacer votos, o la dedicación de personas y cosas a Dios (aparte del diezmo regular, los primeros frutos y la consagración de los primogénitos). Los votos especiales eran enteramente voluntarios. Sin embargo, en lo que sí insistía la ley era en que la gente no hiciera votos o compromisos y después fallaran en cumplirlos. Con Dios no se debía jugar, y las promesas que se le hacían debían tomarse seriamente como promesas hechas a cualquier otra persona. El principio se resume muy bien en Deut. 23:21–23. No había culpa alguna por no hacer ningún voto; pero hacer un voto y no cumplirlo hacía que se incurriera en culpa (cf. Ecl. 5:2–7; Prov. 20:25).
